martes, 16 de diciembre de 2008

PARA MASSERA QUE LA MIRA POR PC


Hasta el 21 de diciembre en el predio de la ex ESMA (Libertador 8465) se exhiben trabajos publicados entre 1976 y 1983 en su mayoría en la revista Humor.

domingo, 27 de julio de 2008

EN DEFENSA PROPIA


Modesta contribución para desalentar la intrusión abusiva, vía email, que últimamente se ha convertido en una modalidad contagiosa, practicada intensamente por verdaderos cultores de la "alpedofilia".

lunes, 21 de abril de 2008

EL ALBUM DE LA FAMILIA (VI)



La historia de este antepasado de la familia es muy breve y fragmentada. Fue también dificultoso reunir datos precisos. Sabemos que integró la expedición de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, con quien mantuvo una gran amistad. "Para Cabeza de Vaca no hay nada mejor que un Cabeza de Culo" habría dicho el español al conocerlo. Y es así que desembarcaron en las tierras desconocidas del sur de Brasil e iniciaron una marcha llena de aventuras. Recorriendo el Río Iguazú vivieron momentos difíciles cuando fueron atacados por los comechingones. Allí nuestro heroico antepasado cayó prisionero y por su singular aspecto fue tratado como un dios. Algunos cronistas relatan que luego fue entronizado como cacique con el nombre de Orto Salvaje. Cuando quiso fundar la tribu de los ortochingones se produjo una rebelión y tuvo que huir antes de que lo empalaran como a Caupolicán. Por suerte llegó a unirse nuevamente a Cabeza de Vaca y siguieron la marcha hacia el sur. Al poco tiempo descubrieron las cataratas del Iguazú y quedaron fascinados. Nuestro antepasado lanzó una estrepitosa exclamación frente a la gigantesca cascada, que fue como un estallido flatulento saliendo de su boca. "¡Diablos qué garganta!" dijo Cabeza de Vaca. Desde ese día el famoso salto lleva el nombre de Garganta del Diablo. La placa que puso nuestro tatarabuelo se la afanaron durante la Guerra del Paraguay.
Pero imprevistamente surgieron algunas diferencias entre las dos cabezas de la expedición. Algunos proponían seguir el curso del río para descubrir otras cataratas, mi antepasado, un visionario, quería poner un kiosco. Se armó una gran batahola que derivó en una lucha intestina donde mi antepasado perdió parte del intestino grueso, lo que le cambió la voz y quizás por ello autoridad. Es de destacar que Ulrich Schmidel en sus notas lo menciona muy bien relacionado con las mujeres de algunas tribus de la mesopotamia, y hasta dice que fue el fundador de la pequeña tribu de los cavernículos.
No hay muchos datos sobre sus últimos días. Un cronista anónimo destaca que tuvo una fuerte discusión con Cabeza de Vaca sobre el camino a seguir. La tropa amenazaba rebelarse, finalmente mi antepasado quiso imponerse y dijo con energía: "Elijan ustedes: Cabeza de Vaca o Cabeza de Culo". Y lo dejaron solo. Entonces comenzó lo que algunos llamaron la única expedición de un solo hombre y que nunca descubrió nada. Una proeza humana. Una gesta que enorgullece a la familia. Y allí lo vieron partir internándose en la selva hacia el Mato Grosso. Lamentablemente ingresó al territorio de los temibles reducidores de cabezas.
La última referencia que se tiene de él, gracias a recientes investigaciones de la National Geographic, es que se lo vio colgado del collar de un cacique. Una imagen conmovedora, un gracioso culito de diez centímetros agitándose al ritmo de los tambores. Un final inmerecido. Hoy la familia lo recuerda con respeto.
El tío Pedro patentó una réplica de ese collar y piensa fabricarlo para venderlo en la feria de artesanos de Plaza Francia.
En el grabado de la izquierda, perteneciente a Ulrich Schmidel, vemos a nuestro antepasado luchando heroicamente contra los comechingones.
A la derecha una imagen de la época que documenta el histórico momento en que nuestro antepasado inicia su expedición unipersonal.

martes, 18 de marzo de 2008

EL ALBUM DE LA FAMILIA (V)



Se está haciendo difícil la tarea de investigación. Reunir datos de nuestro tatarabuelo fue agotador. Nos rompimos la vista. Lamentablemente los historiadores nos han discriminado, lo que nos lleva a pensar que hoy los trastes que interesan son los que pasan por la televisión. Los investigadores ignoran los importantes hechos que generaron los miembros de nuestra familia.
Consultado Félix Luna nos respondió amablemente que no investiga boludeces, por lo tanto debimos acudir al Archivo Histórico. Es allí donde descubrimos que nuestro tatarabuelo Analfio vivió en la época del virreinato. ¡Un orgullo! Cartas de aquellos años mencionan su actuación durante las invasiones inglesas, destacando sus contundentes escupidas lanzadas desde las terrazas de San Telmo. En su juventud fue encendedor de faroles. El franciscano Loyola en sus memorias relata un episodio que vivió nuestro tatarabuelo a fines de 1810. Era una noche muy oscura, Cornelio Saavedra había bajado a comprar cigarrillos al kiosco que estaba al lado del Cabildo. No veía nada y pisó una bosta de buey, que le arruinó las calzas blancas que tanto le envidiaba Belgrano.
Enseguida empezó a gritar y putear contra el encargado de los faroles. Y ahí lo vio al tatarabuelo durmiendo y todos lo faroles sin encender. Se calentó tanto que de un patadón en el traste que tenía más cerca lo mandó al viejo al Río de la Plata. Por suerte justo pasaba por allí un sobrino que iba a hacer el turno de 22 a 6 a la jabonería de Vieytes, y reconoció a la luz de la luna una cara familiar. Lo rescató y pudo salvarle la vida haciéndole respiración culo a culo.
Analfio no se desanimó, y al otro día, todavía largando agua, fue a ver a Mariano Moreno, quien le había prometido un trabajo importante. Efectivamente, las crónicas lo ubican en esa época bajando higos en la quinta de Moreno.
Años más tarde Mariquita Sánchez de Thompson lo contrató como servilletero móvil. Fue notable su desempeño en esas pintorescas tertulias. Cargaba como 50 servilletas entre sus cachetes. Un lujo para las damas de la época, ávidas de modernismo y erotismo. En esa casona de la calle Florida conoció al general Urquiza, quien se acercó a dialogar con nuestro tatarabuelo atraído por sus rasgos fisonómicos. Le preguntó si era oriundo de la Loma del Orto. Urquiza estaba en esos días buscando el famoso tesoro de Sobremonte y tenía datos de que había sido enterrado en la Loma del Orto. Ahí comenzó una amistad que duró años, donde se ganó la confianza del entrerriano quien lo nombró su asistente.
El tatarabuelo estuvo muchas veces en el Palacio San José almorzando con Urquiza, quien lo sentaba a su mesa. Esto fue hasta el día del eructo estruendoso que arruinó la alfombra inglesa con una salva de guiso de mondongo. Desde entonces el viejo quedó privado de las veladas familiares y hasta fue amenazado de ser entregado a las hordas de su enemigo acérrimo el General Susvin. No obstante siguió hasta la vejez sirviendo a las tropas de Urquiza; primero en la retaguardia y luego como corneta. El toque de diana le salía una maravilla, sobre todo luego del guiso de porotos. Dicen que recordaba siempre una batalla donde de un sablazo casi le parten la cabeza en dos, justo por la raya. Su última participación fue en el asedio a las tropas de Rosas. Urquiza lo envió a parlamentar con el caudillo, llevándole el texto de la rendición, que eran como diez páginas. "No firmo nada, métase la rendición en el orto" dicen que gritó Rosas. El tatarabuelo que tenía entonces como 90 años y respetuoso de las jerarquías, puso la cara y obedeció la orden.
Lo sacaron en camilla, atragantado y sin aire. Murió con todos los olores cuando vomitaba la página ocho. Un retrete de la campaña al desierto llevó su nombre.
Nuestra familia lo recuerda con orgullo. Sus cenizas llegaron a manos de la bisabuela hace varios años como herencia de la gloriosa estirpe de nuestro antepasado.
Yo recuerdo el día que la abuela Eugenia, en un respetuoso acto, rodeada por el resto de la familia arrojó las cenizas al inodoro y transformó la urna en el lujoso costurero que necesitaba.
Hasta hace poco tiempo guardábamos religiosamente su impecable uniforme. Era el orgullo de la familia. Un objeto de veneración como se merecen todos los héroes. El abuelo Esculapio siempre soñaba que ese uniforme era usado gallardamente por alguien de la familia. El año pasado se lo habían prestado a un primo que lo usó en una comparsa de Gualeguaychú. Finalmente la tía Mirta quiso cumplir respetuosamente los sueños del abuelo y con el uniforme le hizo un saquito al perro de la familia.
La foto de la izquierda reproduce un óleo poco conocido del pintor Cándido López, donde aparece el tatarabuelo Analfio. El cuadro, que se encuentra en el Colegio de Proctólogos, no fue firmado por el autor para evitar ser catalogado como un cultor del erotismo. En la década del 50 la bisabuela dio la autorización para que sea usado en la publicidad de un laxante.
En la otra foto aparece el Culy luciendo con orgullo lo que quedó del precioso legado del tatarabuelo. Dicen que los perros se parecen a sus dueños. Es increíble la transformación que tuvo este animal para lograr parecerse a nuestra familia.

viernes, 15 de febrero de 2008

EL ALBUM DE LA FAMILIA (IV)



Y llegó el turno de hablar de la persona más exquisita de la familia: la tía Inés.
Supo sobrellevar con dignidad la adversidad genética de la familia y trató de dar siempre a su rostro un atractivo singular. Su sensualidad estallaba hasta cuando escupía los carozos de las aceitunas. De niña sufrió mucho por el acné. Algunos decían que la causa eran los perros que le lamían la cara. Gracias a su fortaleza superó ese problema, pero ya en la adolescencia se acomplejó por el crecimiento del vello y para colmo su drama aumentaba cuando recordaba los consejos de la abuela: "No salgas con pendejos". Dicen que rechazó el ofrecimiento de un circo para dejárselo crecer y actuar como la mujer barbuda. Estuvo a punto de ser contratada para hacer un aviso de televisión de una marca de talco para bebés (Culitos frescos) pero para la escena final de un beso en primer plano le exigían que se opere de hemorroides. Sus compañeros de infancia le recuerdan hasta hoy las veces que les amargó los cumpleaños, cuando se abalanzaba a soplar las velitas y arruinaba las tortas con diarrea. Y otros dicen que cuando les contaba algún secreto al oído, también les pasaba algo de la comida del día anterior. Ninguno olvida el viaje de egresados cuando por un ataque interminable de tos hizo desastres en el micro, y cuando se les terminó el desodorante de ambientes tuvieron que obligarla a viajar en el baúl de equipajes. Llegando a Bariloche les hicieron una multa por emanación de gases.
En esa época estudió música y pudo egresar como concertista de flauta. Hacía maravillas una vez que se introducía el instrumento en la boca. Era un gran placer para ella, sobre todo cuando estaba estreñida.
Sin dudas vivió episodios en su vida que la sensibilizaron. Hoy también llora recordando la visita del Papa. Cuenta que en la misa multitudinaria en Palermo el Santo Padre estuvo como 15 minutos acariciándole la cara y la cabeza y la emoción de la tía llegó casi al orgasmo cuando le introdujo la hostia en sus labios sensuales.
La abuela nos cuenta que la veía muy enamorada de un primo lejano que vivía en Madrid, con quien se carteaba, era el famoso torero Manojete. Pero la tía Inés nunca dijo nada. Solamente confesó que había salido unos meses con un magnate griego que quería llevarla a vivir a una isla de su propiedad llamada Mykulos. Sabemos que recientemente conoció a un hombre de su edad en un chat. Ella le había enviado una foto algo retocada. Cuando se encontraron el tipo salió corriendo puteando al Messenger y al Photoshop. No aceptó las explicaciones de la tía que le decía que su aspecto era consecuencia de una mala praxis en un trasplante.
Siempre cuidó su silueta. No era de comer mucho. Con el desayuno nunca faltaba su enema de jugo de naranja. Su imagen plena de erotismo comenzó a llamar la atención; entonces ella aprovechó el momento y fue a una agencia de modelos. Al cumplir veinte años ya se destacaba en las pasarelas con su andar desbordante de sensualidad. Cuando Giordano decía: "Moviendo las cabezas..." ¡Ah... ese culo era un show!. Fue insistentemente requerida para lucir ropa interior. Muy útil su presencia porque mostraba dos calzones a la vez. Su andar recordaba la plasticidad de la más variada fauna: desde las plateas le gritaban "pantera, gacela, cisne, mono culo pelado..." Podemos decir que llegó rápidamente a la fama. Fue tapa en dos oportunidades de la revista Culos edición española. Por una de esas tapas donde se leía el título "La modelo Inés da la cara" la tía presentó una demanda porque decía que esas palabras sugerían que se entregaba a la prostitución. Pero le jugó en contra un reportaje donde ella había afirmado que todo su dinero lo había ganado con el sudor de su frente.
Fueron años de éxito. Luego llegó el declive. Empezó a engordar y se le caían los cachetes. La cirugía estética para ella fue fatal. Se aplicó botox y no quedó bien. Para comer un grisín debía untarlo con vaselina. Hablaba usando palabras con la letra "o" porque si pronunciaba otras vocales le producía dolor y cada diálogo terminaba con un supositorio analgésico. Con portaligas logró sujetar en parte la papada. Pero tuvo que abandonar su carrera. Buscó entonces otros trabajos. Le fue muy bien leyendo el futuro en la borra de la colitis. ¡Te agarraba la pelela y no fallaba!
Luego el tío Miguel le avisó de una vacante en una fábrica de supositorios y se tiró de culo. Se desempeño muy bien en el puesto de control de calidad. ¡Se llenaba la boca hablando de su trabajo!
Pero renunció al poco tiempo porque se perdía la novela de la tarde. Era fanática de Luisa Kuliok y muy sensible a los dramas lacrimógenos de la protagonista. Tanto que muchas veces después del culebrón se iba a dormir y en vez de crema en la cara se ponía pañales para adultos. Era muy abierta a los sentimientos, dicen que por culpa de sus amiguitas que en la niñez la usaban para jugar a la alcancía.
Años más tarde, tuvo un accidente casi fatal con la moto. La tía nunca pudo conseguir un casco adecuado. Le habían sugerido ponerse un inodoro pero no resultó. El choque fue tremendo. Sufrió una conmoción anal con pérdida de masa intestinal, con el agravante de una hemorragia fecal (valga el término) lo que llevó a decir acertadamente a los primeros testigos que se había hecho mierda.
Voluntariosa como siempre, la tía Inés no se entregó y volvió a dedicarse a ejecutar la flauta. Fue una etapa mística, dedicada a la música sacra. ¡Había que oír las melodías lastimosas que salían de su interior!. El arte musical en la excreción máxima de sus entrañas. Dio algunos conciertos en la Sociedad de Estreñidos y en el Centro de Proctólogos. Recibía muchos aplausos, sobre todo con una composición suya: "Variaciones digestivas en re menor" donde se lucía en el segundo movimiento "Andante con flato". Y no podemos olvidar su único tema grabado: "Eructo patético" con un final estruendoso que mostraba la fuerza de sus vísceras.
Pero todo terminó inesperadamente cuando de pura golosa nomás se tragó la flauta dulce. Debieron operarla. Fue muy grave la situación, pero la operación un éxito, según expuso en la conferencia de prensa el jefe de cirujanos exhibiendo el instrumento. Lamentablemente se debió recurrir simultáneamente a una traqueotomía y a una extirpación de recto que derivó en la colocación de un ano contra natura.
Ese día, podemos decir que se cerró su alegría y hoy todavía no sabemos dónde encontrarle la sonrisa. Hace poco descubrimos que los gases se los tira en bolsitas. Entonces para levantarle el ánimo y hacerla sentirse útil este fin de año le pedimos unos cuarenta de distintos colores para adornar el arbolito.
En la imagen de la izquierda vemos la famosa tapa de la revista Culos y en la otra a la tía Inés ensayando antes de dar un concierto.